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La creación teatral accesible

Escena de teatro accesibleEn la producción de obras teatrales la accesibilidad es tan sólo considerada en la etapa final del proceso, muy próxima al estreno o incluso con posterioridad a él, directamente pensada para hacer accesible la obra el día del pase accesible. En consecuencia los productores de la accesibilidad reciben el libreto o asisten a alguna representación de donde obtienen la información en principio suficiente para construir los materiales.

Sin embargo el proyecto ARESAC, impulsado por el CESyA, el Real Patronato sobre Discapacidad y la Universidad Carlos III de Madrid, en cuyo grupo de trabajo se integran representantes del movimiento asociativo (CNSE, Fundación ONCE, PREDIF, Plena Inclusión, FIAPAS y FASOCIDE), representantes de instituciones (CNLSE, Real Patronato sobre Discapacidad, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, Fundación Vodafone y Fundación Maite León),  expertos en accesibilidad (Apten, Aristia y Cooperativa Altavoz) y expertos en artes escénicas (33% Cultura Sin Límite, Aula de las Artes de la Universidad Carlos III de Madrid, Festival de Almagro, Juan Mayorga y Nieves Martínez de Olcoz), se considera que la accesibilidad es parte inseparable de la obra y como tal debe ser considerada desde el primer momento, de modo que no se convierta en un apósito de aquella. De modo que controlada por el director coordine el trabajo de los especialistas en accesibilidad, regiduría, escenografía, iluminación y cualquier otra faceta que afecte o se vea afectada por los servicios de accesibilidad.

Un pequeño ejemplo, en el caso del subtitulado, una pantalla a 10 metros de altura sobre el escenario, no parece una solución óptima, principalmente por dos razones, la primera el trabajo físico que supone el constante cambio del punto de atención del escenario a la pantalla de subtítulos, no sólo ocular sino también de la musculatura cervical, y en segundo lugar, porqué atender a los subtítulos interfiere con la percepción del movimiento escénico y la interpretación, pero bajar la subtitulación al espacio escénico no resulta factible sin la participación del escenógrafo. Por otra parte, no parece lógico que la descripción del movimiento escénico carezca de los matices que el director quiere transmitir, o que una audioexplicación a fuerza de querer simplificar la expresión elimine hechos relevantes.